domingo, 29 de diciembre de 2013

Atraco a tres. Último capítulo.









El inspector Peralta esperaba el Día de Reyes nervioso como un chiquillo. Él también quería su regalo. Según le cantó un confidente, sin dar más detalles, los Tres Jotas estaban preparando algo gordo para la víspera de reyes en unos grandes almacenes, y la única forma de recuperar  la imagen de policía eficaz, martillo de chorizos y rufianes, que siempre le había acompañado, era atraparlos. Con la información que tenía tampoco podía hacer grandes cosas, salvo acudir al lugar elegido para el golpe y esperar a ver qué pasaba. Solo podía hacer eso y exactamente eso es lo que hizo. Desde las diez de la mañana. Todo el día esperando sin que pasara nada extraordinario, tan solo el movimiento normal en unos grandes almacenes en la víspera de Reyes.
A medida que avanzaba el día, la espera se iba haciendo más insoportable pues además del cansancio se unía el hecho de que cada vez había más gente. A media tarde, parecía que todo el mundo se hubiera acordado de repente que había que comprar regalos, y a eso de las once de la noche era ya un verdadero tumulto. Entonces, justo cuando faltaban pocos minutos para las doce, pasó algo que le llamó la atención; a lo lejos, como si acabaran de salir de la pantalla de una televisión gigante que se interponía, vio a tres reyes magos caminar con paso decidido. Se dirigían hacia la caja central y los tres iban perfectamente ataviados, con unas exageradas pelucas blancas que les cubrían hasta los hombros. Con agilidad gatuna, saltó a su encuentro. De espaldas, las tres figuras eran idénticas, con la misma estatura y corpulencia, como los Tres Jotas, pensó para si el inspector, y además tenían los mismos caminares. Echándose la mano derecha a la sobaquera les dio el alto. Los tres reyes se giraron sorprendidos, sobre todo cuando Peralta les gritó que se quitaran las barbas postizas que llevaban, tan tupidas, que apenas se les veía la cara
    -Ajajá, mira por donde, aquí tenemos a los sobrinitos del Pato Donald, qué bien –vociferó ufano.
    -¿Sobrinitos del Pato Donald?¿cómo puede confundir alguien a los reyes magos con los sobrinos de un pato? ¡Este tío está loco!
    -¡Se quiten las barbas, coño! –Peralta sacó la pistola de su funda.
Luego se quedó de una pieza al ver que tras las barbas blancas se ocultaban los rostros de tres individuos que desde luego no eran negros. El inspector, desconcertado, murmuró algo que sonó a disculpas aunque más bien era un reproche por no haber sido los tres que él buscaba, y según se alejaba de ellos, vio a otros cuatro reyes magos que iban también en dirección a la caja central. Corrió a por ellos y en su carrera chocó con Gaspar. Bueno, con alguien vestido como Gaspar. A continuación, como si fuera una pesadilla, la sección de electrónica en la que se encontraban, empezó a llenarse de reyes magos. Decenas de melchores,  gaspares y también algún que otro baltasar suelto, circulaban a su alrededor como si fuera lo más normal del mundo. Con decisión atrapó por el manto de armiño a un pobre Gaspar que en ese momento pasó cerca de él y le espetó a grito pelado:
    -¿Me puedes decir especie de barbudo chiflado por qué hay tantos reyes magos a estas horas?
El pobre rey mago  atrapado no sabía muy bien qué responder y entre balbuceos le contó que se trataba de una promoción organizada por los almacenes.
    -Cualquiera que venga hoy disfrazado de rey mago –explicó cohibido- y se presente en la caja central a las doce en punto de la noche, recibirá un vale de 20 euros para canjear en la sección de juguetes. Debe ser por la crisis –aclaró.
   -Y vale cualquier rey mago, claro –dijo para si mismo el inspector sin soltar el manto de armiño.
    -Claro. La promoción venía anunciada en todos los periódicos, ¿no lo ha visto? Y por favor suélteme la capa que me está descomponiendo el porte principesco que traía.
    -Claro, qué listos, entonces tres reyes negros pasarán desapercibidos, ¿verdad?
   -¿Negros? Para esos el vale era de treinta euros, menuda suerte.
El inspector Peralta se abrió paso casi a codazos en dirección a la caja central que en ese momento estaba abarrotada de reyes magos. En un reloj lejano empezaron a sonar las doce campanadas de medianoche. No sin dificultades consiguió llegar hasta el mostrador justo en el momento en que desde el interior de las oficinas se oía claramente el grito inconfundible de uno de los Tres Jotas:
    -¡Manos arriba, esto es un atraco!

Peralta saltó ágilmente el mostrador derribando a su paso un ordenador que le pareció excesivamente frágil y ligero y sin más preámbulos entró en las oficinas tumbando de una patada la puerta que era de plástico. La última campanada de las doce quedó vibrando en el ambiente mientras Peralta sacaba de su sobaquera su pistola. Una pistola de agua con la que estaba apuntando a los Tres Jotas que perplejos contemplaban varios fajos de billetes del Monopoly. Billetes amarillos, azules, rojos,… según el valor. Peralta hizo lo que siempre hacía cuando había algo que no entendía: sacó su placa de policía para hacer valer su autoridad. Para su sorpresa la placa era de juguete y ponía FBI con grandes letras amarillas. Todo, absolutamente todo, era de juguete. Sacó unas esposas de mentirijillas y con gesto solemne atrapó a los Tres Jotas mientras les decía:
    -¡Pan y tomate para que no te escapes!

Una año más, Melchor, Gaspar y Baltasar, habían hecho su magia.



Nota: el cuento ya ha terminado pese a que dije que entregaría el último capítulo el día seis. Está claro lo que vale mi palabra.
¡Que os traigan muchas cosas los reyes magos y no todas de juguete! 



domingo, 22 de diciembre de 2013

Atraco a tres. Capítulo 3

Tras la inevitable interrupción por publicidad de mi anterior post, continuamos con el cuento de Navidad. Va la tercera entrega.


seguimos pues:







Los Tres Jotas estaban apesadumbrados, silenciosos, cavilando en cómo podían resolver el gran problema de ser negros los tres. Tarea complicada desde luego, pues un blanco untado de betún, puede pasar por negro, pero ¿de qué se tiene que untar a un negro para que pase por blanco?
Jorge cogió el periódico con indiferencia, con un gesto mecánico que le llevó a la sección de deportes. Antes se entretuvo en ver las esquelas mortuorias pues  esperaba con ansia el momento de ver que alguien pedía una oración por el alma del inspector Peralta, su mayor enemigo. De repente dio un brinco en su silla entusiasmado por algo que acaba de leer.
    -¡Eh chicos!, ¿Habéis visto esto? –gritó jubiloso.
Sus dos compañeros enseguida salieron de su somnolencia pesimista para tratar de descubrir el motivo de tanta euforia.
    -¿Ha vuelto a perder el Real Madrid?
    -¿Se ha clasificado Burkina Faso?
Jorge prefirió, como respuesta, dejar el periódico abierto por la mitad en el centro de la mesa, señalando una noticia que aparecía en cuerpo 12 a doble columna con una foto navideña en la cabecera.
    -¿Qué os parece?
Jaime y Juan se inclinaron sobre el periódico, cabeza contra cabeza, y poco a poco una enorme sonrisa alumbró sus negras caras. Se incorporaron y dando un salto chocaron las palmas de sus manos en lo alto al tiempo que lanzaban un potente:
    -¡YESSS!
Jorge se unió a ellos en la celebración. Asunto resuelto: el día de reyes  cometerían el atraco perfecto en los grandes almacenes.


continuará (sí, esta entrega ha sido breve, pero qué quieres, es domingo)


sábado, 21 de diciembre de 2013

El ladrón de nubes







Para los que estén levemente interesados en leer el IX Premio Onuba, y vivan en Madrid, de momento está a la venta en la librería Tarde de Libros, en la calle Ruiz, 15 (metro Bilbao), y en la librería del Centro del Bulevar de la Moraleja.

Habrá otras pero de momento podéis agotar las existencias de las anteriormente citadas.

(probablemente mañana siga Atraco a Tres).

miércoles, 18 de diciembre de 2013

Atraco a tres. capítulo 2

En el capítulo anterior ya sabemos todos qué pasó, por lo que sin más dilaciones vamos a la siguiente entrega de Atraco a  Tres, mi apasionante y estresante cuento de navidad de este año.

                                          El inspector Peralta






El inspector Peralta entró en su despacho, como siempre, lanzando su chaqueta al perchero según se sentaba, y como siempre pasaba, la chaqueta acabó en el suelo. Su Smith & Wesson bailó dentro de la funda sobaquera según se dejaba caer pesadamente sobre el sillón. Con desidia cogió el informe que había sobre su mesa y lo leyó por tercera vez antes de archivarlo definitivamente en la papelera. No le interesaba nada que no fuera atrapar a los Tres Jotas, la pequeña banda de rufianes subsaharianos que siempre conseguían escabullirse de sus manos. El ruido machacón de los teclados de los ordenadores se colaba a través de la puerta poniendo en ocasiones al inspector fuera de sus casillas. Él era un hombre de acción y odiaba toda esa porquería de burocracia a la que estaban obligados a cumplir tanto sus hombres como él mismo. Una enorme pérdida de tiempo que siempre acababa con los sujetos que lograban atrapar, de nuevo en la puta calle para continuar haciendo sus fechorías. Si le dejaran a él impartir justicia la cosa sería muy diferente. Peralta era un celoso guardián del orden según entendía él, en qué consistía el orden.
El teléfono sonó varias veces antes de que el inspector lo metiera sin descolgar dentro del cajón central de su mesa y lo cerrara con violencia. Luego empezó a sonar su móvil con el que hizo la misma operación. Al final, se resignó cuando el comisario Baena entro en su despacho con una mandarina en la mano.
    -Te he dicho mil veces que no me gusta que me escondas en el cajón, y si te llamo por teléfono me coges a la primera. La próxima vez será una orden y nuestra amistad no te salvará de que te meta un puro.
Según hablaba terminó de pelar la mandarina que engulló de un bocado, tirando las mondas sobre la mesa del inspector. Luego abrió el cajón central, sacó el teléfono y con el canto de la mono barrió las peladuras hacia su interior.
    -Te voy a dar una buena noticia, para que veas que en el fondo te aprecio.
    -¿Te trasladan a otra ciudad?
    -Mejor aún: te trasladan a ti.
El inspector Peralta tensó abruptamente el gesto. No era amigo de las sorpresas. Su superior continuó disfrutando el momento:
    -A un villorrio que tiene comisaría de casualidad, con lo que el morirse de aburrimiento está asegurado –sin pudor se hurgó entre los dientes- pero qué quieres, alguien tiene que encargarse de los peores trabajos, ¿no te parece?
Peralta intentó abrir la boca pero estaba tan crispado que no pudo despegar siquiera los labios.
    -MMMMMMRR
    -Ya, ya, no sabes cómo agradecérmelo… no lo hagas, mejor agradécetelo a ti mismo, creo que te lo has ganado. Últimamente no has dado una en el clavo, ¿cuándo fue la última vez que resolviste un caso?
    -Una mala racha no puede justificar el destierro.
    -Te equivocas, sí puede. De hecho, ha podido. A partir del uno de febrero del año que está a las puertas, te irás a VillaBolluyos de San  Serenín del Valle a vigilar que los cabreros no se roben entre ellos sus quesos.
    -Pero… precisamente ahora estaba a punto de atrapar a los Tres Jotas.
    -¿Sí? Qué pena,  no me digas.
El comisario Baena se apeó de la mesa del despacho de Peralta sobre la que había estado sentado durante toda la conversación y se dirigió hacia la puerta con displicencia. Por supuesto, buscó la manera de pasar por encima de la chaqueta de Peralta pisándola a conciencia.
    -Sigues sin conseguir encestar tu chaqueta, por lo que veo. Ya pocas oportunidades te quedan, muy pocas.
    -Un momento, tengo dos preguntas –el comisario se detuvo con la mano ya en el picaporte de la puerta dispuesto a marcharse pero también a escuchar a Peralata.
    -Dispara.
    -Primero, me consta que los Tres Jotas están tramando algo para el día de Reyes, ¿si los atrapo, nos olvidamos de mi traslado? Segunda pregunta: ¿porqué me tengo que ir el uno de febrero y no el uno de enero?
    -Sabía que me ibas a hacer esas dos preguntas –respondió con suficiencia Baena-. Afirmativo a la primera, en cuanto a  la segunda es para darte una oportunidad de que triunfes el seis de enero. Ya te dije que te aprecio.
El portazo que dio el comisario al marcharse dio por terminada la conversación que dejó a Peralta con una única idea dentro de su cabeza: tenía que acabar con los Tres Jota. Como fuera.


continuará... (espero)



domingo, 15 de diciembre de 2013

El juego de navidad









La primera vez que escribí un cuento de navidad fue la primera vez que mandé un cuento de navidad a todos mis amigos y conocidos. Quiero decir que lo escribí, no para mí, sino como felicitación personal para todo el mundo. Nada más terminarlo, sin corregir siquiera, lo emailineé (palabreja recién inventada pero que todo el mundo comprende) a toda mi lista de correo electrónico. De esto hace trece años y desde entonces no he faltado ni un solo año a mi cita navideña. Pues bien, resulta que cada vez me cuesta más trabajo cumplir con mi voluntario compromiso, tanto que he llegado a pensar en abandonar so pretexto de que nadie se daría cuenta si me hago el despistado. Ya, pues no; resulta que siempre hay alguien (a quien le agradezco de veras su interés) que me lo recuerda, y  cada vez con mayor antelación. Entonces se me ha ocurrido unir la vieja tradición, que no deja de ser una pesadez, con algo que haga de ella algo más fresco, nuevo y emocionante. Se trata de un juego. Un juego del que yo no conozco la solución.

Consiste en lo siguiente: este año he empezado mi cuento de navidad pero solo he hecho eso, empezarlo. No he pensado en como puede continuar, ni la menor idea, con el agravante de que lo empecé hace más de un par de semanas. Y precisamente, en este punto es cuando se me ha ocurrido el Juego de Navidad, que consiste en que hoy subo al blog la primera parte del cuento, esa primera página escrita hace veinte días, pero sin saber como será la siguiente entrega. El juego también consiste en que se admiten sugerencias, de modo que La Tertulia Perezosa se convierte en eso, en una tertulia donde todas las opiniones cuentan e incluso alguna de ellas puede llegar a ser la que determine el final de un cuento que espero que sea del gusto de todos.
He situado la acción en el día de Reyes, de modo que tenemos más tiempo para encontrar el mejor desenlace. Hoy es la primera entrega y me comprometo a que subiré la última el mismo 6 de enero.

Insisto, se admiten ideas, y si nadie me manda ninguna, no pasa nada, el compromiso es mío y solo mío. También os adelanto que puede ocurrir que las ideas que me lleguen (si es que me llega alguna) sean demasiado complicadas y las desestime con cierto alivio.
También puede ocurrir que a mi tampoco se me ocurra ningún final convincente, en cuyo caso, este año sería el primero de este siglo en que no cumpla con mi compromiso de mandar un cuento de navidad a todos mis amigos. Al menos, completo.

Va.


                              ATRACO A TRES


Es muy fácil, veréis, nos ponemos estos trajes y luego entramos como si tal cosa y a mi señal, sacamos las armas y nos llevamos toda la pasta, ¿qué os parece?
    -Que al final, nos pillarán, verás.
    -No seas gafe, coño.
    -Déjale, déjale que se exprese, tiene derecho al pesimismo… a ver, ¿por qué dices que todo saldrá mal?
    -¡Porque no se puede entrar en un gran almacén como si tal cosa, tal como tú propones, vestidos de esta guisa!
Jaime señaló un montón de extrañas ropas que había encima de la mesa, del que sacó como ejemplo, un chaleco de púrpura y unas babuchas con lentejuelas.
    -¿Qué tiene de extraño ver a los reyes magos en plenas navidades? –se defendía el que parecía ser el jefe de la banda-  su hábitat natural son precisamente los grandes almacenes, ¿no?, luego nos acercamos a la caja central y ¡zas! ¡golpe perfecto!
    -Sí, claro, pero lo extraño es que los tres reyes magos sean negros. No se si os acordáis de que solo había uno: Baltasar.  Los otros dos eran blancos, rubios y uno de ellos con los ojos azules.
    -Ya, pero da la casualidad de que los tres somos negros, muy negros, te lo digo por si no te habías fijado, por tanto la única posibilidad que tenemos de disfrazarnos de reyes magos es que hagamos de Baltasar. Los tres.
    -Pues yo te digo que ver tres Baltasares puede resultar sospechoso, y si los tres Baltasares entran en un supermercado de esos, con sus sacos llenos de juguetes y se dirigen a la caja central, aún es más sospechoso.
El jefe de la banda se quedó un rato cavilando en silencio sin dejar de rascarse el mentón. Se llamaba Juan; sus otros dos compinches, Jorge y Jaime le contemplaban  en silencio sin atreverse a perturbar sus reflexiones. En los círculos de malhechores eran conocidos como “los Tres Jotas”, debido a las iniciales de sus nombres. También, algunos se referían a ellos como los sobrinos del pato Donald, aunque esta última acepción les llenaba menos de orgullo.
    -Bien, creo que puedes tener razón en que quizá resulte un tanto extraño, pero ya me contarás tú entonces qué hacemos –Juan se dio un palmetazo violento en su pierna en señal de desesperación-. Es que era perfecto, el atraco perfecto. Ocultos en nuestros disfraces nadie podría sospecha nada, luego la pasta la metíamos en nuestros sacos de juguetes… y a disfrutar. Me consta que a la hora que teníamos planeada nuestra aparición, la caja central está hasta arriba de pasta que han llevado de todas las secciones.
    - Sí, sí, pero para entrar sin llamar la atención, dos de nosotros se tienen que volver blancos, o no way, compañero.
Los Tres Jotas torcieron el gesto al unísono y también al unísono se pusieron a pensar en cómo podían solucionar su problema.




continuará.


jueves, 12 de diciembre de 2013

Presentación de mi libro



Ya sé que son fechas en que todo el mundo tiene una coartada para no acudir a una invitación, que hace frío, que en el fondo todos nos estamos haciendo mayores y huraños, que tal y pascual, pero si a pesar de todo alguien quiere acompañarme en la presentación de mi libro, os digo a continuación dónde y cuándo. 

De antemano os doy las gracias a todos los que vengáis y también a los que no vengan pero que de momento toman nota del sitio y la fecha. Ya puestos, también doy las gracias a todos los que ni por un solo momento se les ha pasado por la cabeza venir;   el mero hecho de entrar en La Tertulia Perezosa y leer este post, ya es de agradecer. 


jueves 19 a las 8 de la tarde

en el café Manuela. C/ San Vicente Ferrer, 29
MADRID


presentación de mi libro

El Ladrón de Nubes



       También puede ser una excusa para tomarnos unas cervezas o unos vinos, a gusto de cada cual. Yo casi seguro que voy.

jueves, 5 de diciembre de 2013

Adiós






Los poetas son gente extraña, diferente, con una visión aberrada de la realidad. En general procuran que esa visión sea más hermosa, pero igualmente un poeta puede distorsionar lo que ve para hacerlo más terrible, doloroso y hasta terrorífico. Todo depende de en qué sentido dirijan su potenciador de emociones, que es así como podría llamarse científicamente el instrumento que utilizan para describir aquello que les llama la atención, con el fin de conmover. Ese instrumento no es otra cosa que una forma ordenada y precisa de seleccionar las palabras que constituirán cada unidad de información, llamada verso, dentro de los círculos no científicos.  
Luis Gallardo se dedicaba precisamente a estudiar la creación poética con un criterio estrictamente científico. El punto de partida de su análisis no era la literatura, sino la ciencia. Una forma mucho más fría de contemplar el mismo hecho, pero con unas conclusiones más precisas, pensaba. No voy a describir ahora los resultados de tantos años de estudio y observación, no viene al caso, y además no me siento capacitado para esa labor, pero sí quiero contar qué fue de Luis Gallardo.
De pequeño era un niño casi normal, si dejamos a parte su manía de quemar hormigas ayudado por una lupa, y de joven, aunque siguió con la costumbre de achicharrar todo tipo de bichos, se puede decir que también era normal, pero eso sí, con tendencia a la melancolía. Taciturno, eso es, Luis Gallardo era muy taciturno, y ese rasgo tan marcado de su carácter, fue quizá lo que más influyó a la hora de decidir a qué iba a dedicar su vida, que como ya ha quedado claro consistía en estudiar la poesía utilizando el método científico. No contaba las sílabas de los versos, pero podemos decir que utilizaba un espectrómetro de masas figurado para obtener una idea de su dimensión, densidad y hasta del color. Pues bien, llegó a sentirse tan identificado con su trabajo que en sus ratos libres escribía poemas, pero eso sí, sin poner nada de pasión en la obra. Sólo técnica y método científico. Sonetos perfectos, con y sin estrambote, cuartetas ideales, sextinas rompedoras… cualquier estructura, ya fuera clásica o moderna, salía de su ordenador (por supuesto no utilizaba otro sistema para escribir que no fuera un ordenador) con perfección matemática. Escribió más de doscientos mil poemas, sí, muchos más, y en ninguno de ellos puso nada que saliera de su alma. Jamás hizo un solo verso que partiera del fondo de su corazón, no lo necesitaba para crear belleza, y nunca buscó emociones reales para nutrir su imaginación. Escribió sobre el amor sin haber estado nunca enamorado, a cerca de la amistad, sin tener amigos y un poemario completo dedicado a unos hijos que jamás tuvo. Todo era falso, podríamos decir, claro que falso no es una palabra correcta, pues los poemas existían de verdad, y eran buenos, muy buenos, endiabladamente buenos. Muchos de ellos, quizá fueran los más bellos jamás escritos.
Al final de sus días hizo algo insólito: se deshizo de su ordenador y destruyó toda su obra. Sabía cuando iba a morir y ese mismo día quemó miles de páginas en su chimenea con la intención de dejar solo una poesía escrita, una que aún tenía que crear. Por fin sentía la necesidad de expresar sus sentimientos, de sacarlos fuera y plasmarlos con palabras de la forma más cautivadora posible. Sin ciencia pero con corazón.
Su agonía continuaba indolora e implacable. Cogió una pluma estilográfica, un papel, y se dispuso a inmortalizar sus sentimientos en una poesía que ya tenía claramente escrita en su mente.
Escribió primero el título: solo, la palabra adiós, escrita con un trazo débil, casi inexistente. De hecho la última letra solo era un arañazo en el papel, un gesto inútil imposible de distinguir. Se dio cuenta demasiado tarde de que la pluma estilográfica no tenía tinta. Se murió con una sonrisa cínica en los labios que expresaba todo lo que sentía mucho mejor que  cualquier poesía jamás escrita. Bueno, la verdad es que eso nunca se sabrá.




jueves, 21 de noviembre de 2013

Envidia de clítoris





Hay que ver cómo somos de tontos todos los prefreudianos, freudianos y postfreudianos, por haber mencionado en alguna ocasión la expresión envidia de pene, o al menos, por haber sonreído disimuladamente cuando alguien la mencionaba.
La envidia de pene es un concepto acuñado por Freud para demostrar que provenía de una familia extremadamente machista y de paso explicar un montón de comportamientos en las mujeres que se producen, según él, debido a que cuando son niñas se dan cuenta de que son diferentes a los niños porque a ellas les falta algo. A partir de ahí, de esa observación aparentemente trivial, surge la envidia de pene, la sugerencia de incompletitud, el concepto de Edipo, y la habilidad para zurcir calcetines, siempre según el maestro y sus admiradores, tanto confesos como secretos. Y yo digo y proclamo que todo eso es una estupidez enorme, la mayor de todas las inventadas por el hombre. ¡Cómo se puede tener envidia de algo tan ridículo como es un pene, sobre todo si tienes algo tan extremadamente práctico como es un clítoris!
Para empezar, al margen de su aspecto a veces irrisorio, un pene es multifuncional: sirve para orinar, como conducto para la reproducción y ocasionalmente para dar placer. Este pluriempleo es un desastre, pues con el tiempo solo sirve para mear, y llegado ese triste momento, siempre sobre los propios zapatos. Sin embargo un clítoris es otra cosa, está muchísimo mejor pensado.
La principal cualidad del clítoris está en que solo tiene una aplicación: su única función consiste en proporcionar placer a su propietaria, no sirve nada más que para eso. Y nada menos. Dicho de otra forma, cualquier mujer puede reproducirse y mear sin contar con el clítoris, algo que no se puede decir del “envidiado” pene, en el caso de los hombres. Y lo más admirable de todo: un clítoris no envejece, algo que incluso muchas mujeres jóvenes ignoran. En efecto, este maravilloso centro de placer mantiene su sensibilidad durante toda la vida, con la misma capacidad a los 20 años que a los 95. ¡Eso sí es envidiable!

Dicho esto, resulta patético que hablemos de envidia de pene.








jueves, 7 de noviembre de 2013

Mi primera novela

   



La Tertulia Perezosa es un espacio para compartir con todos mis amigos, conocidos y con todo aquel que quiera pasar y perder unos minutos leyendo mis artiblogs, con el derecho de luego llevarme la contraria, o llegado el caso, estar de acuerdo. O sencillamente hacer mutis por el foro.

Pero también es, no se puede ocultar, un escaparate, un tablón de anuncios. Es lo que tiene.  Pues bien, esta semana mi artiblog es eso, simplemente un cartel para decir que he recibido el IX premio Onuba de novela. El otro día me lo comunicaron y os podéis imaginar la gran ilusión que me hizo.

                                                                 MUCHA ILUSIÓN

                                   MUCHÍSIMA ILUSIÓN

                        REQUETEILUSIÓN


Cuando salga publicada y me compreis cajas de ejemplares para vosotros y para regalar, entonces, será todavía mayor la ilusión.

El viernes 15 es la entrega del premio. En Huelva. Ya os diré cuando sale publicada, no os creáis que valdrá la excusa de ... yo no la compré porque no sabía cuando salía...



pues ya está dicho (César y Mazcota me han animado. Gracias)


lunes, 4 de noviembre de 2013

Eso no es lo malo.






Hay cosas que son muy difíciles de entender, como las ecuaciones diferenciales, y otras que resulta completamente imposible, como  es la indiferencia y la tolerancia que estamos demostrando los españoles ante los casos de corrupción y los métodos que se siguen para imponer justicia. Ha llegado un momento en que todo lo vemos normal (yo no, que conste), y está asumido que casos flagrantes de robo a manos llenas, se pasen por alto porque han prescrito. Por ejemplo.
Pero eso no es lo único malo porque antes de prescribir, tampoco se hace gran cosa para aprovechar el tiempo (algunas de las múltiples imputaciones de Fabra, por ejemplo).
Y tampoco eso es lo malo. El mismo presidente del gobierno explica que se equivocó depositando su confiando en quién no debía y ahí se acaba toda la explicación y nadie reclama que siga explicando más.
Como la estrategia da resultado, Esperanza Aguirre utiliza el mismo argumento y dice que “López Viejo le salió rana”, así con su desparpajo de zarzuela, y así, con esa explicación ella queda exonerada de toda culpa. Es muy convincente por lo visto y nadie quiere saber más.
Pero resulta que ahora alguien sí quiere saber más y tiene que declarar como testigo en el juicio (que acabará por no acabar en nada pues todo acabará prescribiendo), y lo hace cómodamente por escrito. Y digo yo, que de esta manera puede haber alguien que le sople las repuestas de lo que le pregunten, y así no vale, al menos en los exámenes de reválida que Wert ha rescatado del pasado, no valía. Las hay con potra.
Pero eso no es lo malo: la Fiscalía Anticorrupción siempre se ha mostrado contraria a que la presidenta de la Comunidad de Madrid en el momento de suceder todo el mogollón declarara como testigo. Debe suponer que no tiene nada que decir aparte de que le salió rana el principal implicado y sospechoso de haber recibido una pasta gansa del cabecilla de la Gürtel por adjudicación irregular de contratos de distintas entidades y consejerías de la Comunidad de Madrid. Es verdad, lo que diga su presidenta es totalmente  irrelevante. Presidenta que viene, no lo olvidemos, tras un caso de transfuguismo (Tamayo y Sáez) jamás aclarado.
Pero eso no es lo malo. El tesorero anterior  a Barcenas se ha negado a responder a ninguna pregunta ante el juez. Así, con un par. Vale que está mayor, pero entonces, ¿para que se molesta en llegar hasta el juzgado?
Pero eso no es lo malo. Resulta que se ha demostrado que Bárcenas ejerció de Barcenas hasta el año 2011, no hasta 2009 como se han empeñado en hacernos creer Cospedal, el mismo Rajoy, y todo el que ha sido preguntado sobre el asunto.

Pero eso no es lo malo, y ahora incluyo otra anotación que no estaba en el original y me ha sugerido un merodeador del blog con toda la razón: en Andalucía se han beneficiado con falsos eres, gente sin escrúpulos que su único afán era el enriquecimiento personal (por cierto, ya de paso también he aprovechado para corregir una horrible confusión de palabras culpa del corrector automático de las narices). Y en Galicia y Cataluña, y Valencia…
Pero eso no es lo malo, ni tampoco es lo malo lo que podría poner a continuación, ni lo siguiente, ni lo siguiente. Lo malo, insisto, es que a nadie parece importarle una mierda todo lo que está pasando con los mayores casos de corrupción de la historia, lo que viene a ser lo mismo, con las mayores cantidades de dinero afanadas. 


jueves, 31 de octubre de 2013

Noche en Miragoane





Esta noche es Halloween (el upgrade del Día de los difuntos en sistema Android, o Día de todos los santos en el IOS), la noche en que salen los muertos a darse un garbeo para comprobar que tampoco se han perdido gran cosa por morirse.
Pensaba haber escrito un cuento para la ocasión, un cuento largo, meditado, trabajado, donde todas las piezas encajaran para producir un pequeño escalofrío en el lector, y he de decir que casi lo consigo: el escalofrío lo he sentido yo, al ver que ha llegado el día y no había escrito nada. Vamos, que se me ha caído el muerto encima.

Pero a grandes males pequeños remedios y voy a sacar de mi fondo de armario, para salir del trance, un microrrelato que escribí una noche de luna llena en Miragoane que espero que os microguste.

NOCHE EN MIRAGOANE

Me sentía exhausto. La brisa que cada noche recorre Miragoane, esta vez resultaba insuficiente para refrescarme. No podía más con mi cuerpo, mucho menos con el de otro. La Luna, gorda y clara como siempre aparece en el Caribe, me contemplaba burlona por las desgracias que me estaban pasando.
Miré una vez más mis manos entumecidas, ensangrentadas, sin entender cómo había tenido fuerzas para arrastrar de nuevo el cuerpo y cubrir el agujero de casi dos metros de largo. Era la quinta vez en esa terrible noche que enterraba al maldito zombi.




viernes, 25 de octubre de 2013

Celos






Los celos dan mucho de si para escribir una historia y la que voy a contar es una más con la diferencia de que le ha pasado a mi amigo Céfalo, que también vaya nombre. Resulta que Céfalo es de esas personas que confunden casi todo, incluso el cariño con  la posesión, lo que le lleva a ser extremadamente celoso hasta el punto de tener celos de si mismo. ¿Celos de uno mismo?, ¿cómo es posible que tal cosa pueda suceder? Siendo un imbécil claro, y Céfalo lo es sobradamente como voy a demostrar a continuación.
Resulta que mi amigo tenía clarísimo que Ana, su mujer, era un ejemplo de fidelidad y que jamás se había ido con otro hombre, pero como era un celoso de tomo y lomo, con eso no le bastaba (ya sabemos que las personas celosas no se satisfacen con casi nada) y entonces le vino a la cabeza, que eso era sencillamente porque nunca se había encontrado con la persona  idónea. Si es así, no tiene ningún mérito su fidelidad, se dijo a si mismo iniciando un proceso de autotortura estúpido e innecesario. ¿Qué pasaría si se topara con un tipo tan estupendo como yo? siguió pensando el muy cretino. Entonces se le ocurrió la peregrina idea de hacerse la cirugía estética para cambiar de aspecto,  y luego intentar ligar con su propia mujer haciéndose pasar por otra persona, a ver qué pasaba y si era auténtica su fidelidad.
Después de algunas calabazas,  consiguió finalmente que cediera a sus acosos, lo cual, lo encolerizó de tal manera que empezó a gritar como un salvaje que él ya sabía que eso iba a pasar, con el comprensible estupor de su amada. Ana, la pobre, no entendía nada y le mandó a la mierda, como es lógico.
El caso, es que había algo en él que me gustaba mucho, se dijo a si misma mientras desaparecía para siempre de su vida.
Céfalo sigue siendo un imbécil, y ahora, encima con la sensación de no haberse equivocado.




martes, 15 de octubre de 2013

Felicidades amigo




Hoy se ha dado a conocer el primer Premio Nacional de Literatura Infantil y Juvenil que otorga el Ministerio de Cultura y lo ha ganado con sobrados merecimientos César Mallorquí. Es amigo mío y me da mucha alegría que sea él el ganador y quiero compartirlo con todos los que visitan este lugar, en cierto modo, dedicado a la cosa de escribir, por lo que confío que también os llevaréis una alegría.

De vez en cuando, César comenta poniendo cara de niño, algunas de mis intervenciones en La Tertulia Perezosa. Podéis  visitar su blog, La Fraternidad de Babel, pinchando directamente, aquí,  a la derecha. Os gustará.

Pues eso, César... MUCHAS FELICIDADES y sigue escribiendo novelas tan buenas como La Isla de Bowen, obra culpable de que hayas recibido el gran premio.

viernes, 11 de octubre de 2013

El niño soldado





Todos los días, al salir de mi casa, veía a un niño asomado a su ventana. Tenía un brillo extraño en la mirada como si además de estar ahí, en su habitación viendo pasar gente, estuviera también en otro lugar o en otro momento. Un día estaba vestido de húsar y se me ocurrió saludarle a la forma militar, llevándome la mano a la sien hasta tocarla con la punta de los dedos con una disciplina de juguete que él tomó como real. El niño me devolvió el saludo poniéndose firmes con gran solemnidad como si en ese momento le fuera a poner el mismo Napoleón la medalla al valor. El muchacho mantuvo la posición de firmes, el pecho fuera, y el codo a la altura del hombro, como tiene que ser, hasta que yo desaparecí de su campo de visión. Supongo que después se relajaría y seguiría jugando a que se encontraba en una carga de caballería. 
A partir de ese día, cada vez que nos veíamos nos saludábamos así, a la forma militar, llevándonos la mano hacia la ceja, yo con una sonrisa, él con más gravedad. Ya se sabe que los niños viven sus fantasías con un realismo que convierte lo imaginado en la única verdad.
Poco a poco el niño fue creciendo y llegó un día a partir del cual ya no volví a verlo. Supongo que se iría a estudiar fuera, más tarde a la universidad, después  se casaría…
Luego llegó lo que todos temíamos y sí, volví a ver al niño de la ventana. Se había convertido en un joven grande, fuerte y con toda probabilidad arrogante pero aún mantenía intacto aquel brillo en la mirada. Estaba vestido de militar, me reconoció y por un momento pensé que me saludaría como tantas veces habíamos hecho en el pasado. Pero no lo hizo; lentamente levantó la mano que empuñaba un sable y al bajarla, doce descargas de fusil estallaron al unísono rompiendo un silencio que ya empezaba a ser sepulcral.
Fue lo último que escuché.