lunes, 9 de octubre de 2017

Es peligroso asomarse al interior









Hace casi seis años inauguré La tertulia perezosa, y ahora, después de todo ese tiempo me doy cuenta de lo bien que elegí el nombre. Más que por tertulia, por perezosa. Me da pereza escribir un nuevo artiblog. Sobre todo últimamente, yo no sé qué me pasa, pero he de confesar que donde antes había disposición ahora hay dejación. Supongo que la desgana en parte se debe a estos bochornosos días de otoño.

Pero si tienes un blog tienes que responsabilizarte de él, no puedes hacer como si no existiera, ¡es tu blog! Tienes que cuidarlo, estar pendiente de su estado, alimentarlo, y sí, también mimarlo.  Es como tener un perro: si has decidido tener un blog en casa, mejor será que tengas asumido que exige ciertos sacrificios, y en ningún caso lo puedes dejar abandonado.
Ya pero es que me da pereza, puede decir alguien que sea como yo, y entonces yo mismo le digo, pues mira, no haberlo tenido.

Pero siempre hay una salida más o menos airosa para estos casos. Se trata de husmear en tu ordenador, hurgar en carpetas antiguas, algunas casi olvidadas, donde tienes escritos un montón de cuentos acumulando algún tipo de polvo digital, y elegir el que mejor te parezca. Esa es una solución cómoda y rápida, pero aún existe otra mejor: promocionar tus libros publicados. Buscas fragmentos de capítulos que consideres que pueden servir de gancho para que algún lector despistado se interese por seguir leyendo, y de la forma más natural lo subes al blog. No está mal. Luego está la solución que he encontrado hoy, que es una mezcla de las dos anteriores: voy a subir un cuento de los muchos que componen mi libro El astrofísico que era poeta y otras cosas peores, editado por Ediciones Oblicuas. No tengo más remedio que añadir que está disponible en La casa del Libro, tanto en formato digital como en papel, y mucho más fácil, pinchando en la portada del libro que aparece a la derecha y que lleva directamente a la editorial.

Bueno, de momento, aquí va el cuento:



Es peligroso asomarse al interior




Que se sepa, nadie ha visto a Heracles con prisas. Nunca. Por eso me sorprendió tanto ver cómo cruzaba el otro día la calle a paso ligero y dando de vez en cuando grandes zancadas olvidando su proverbial compostura. Él siempre ha mantenido que a no ser que te dediques a ello profesionalmente no existe ninguna razón que te haga correr, ninguna. Y aún va más lejos con esta teoría pues dice que una de las formas más lamentables de perder la dignidad se produce precisamente en el momento en que alguien romper a correr, sobre todo si corre pretendiendo que nadie se da cuenta de que está corriendo. Esta situación se da especialmente cuando has empezado a cruzar una calle y de repente se acerca una avalancha de coches que suponías que se iba a desencadenar mucho más tarde pero el maldito semáforo ha durado menos de lo calculado. Entonces, los miras de reojillo aparentando tranquilidad sin ninguna intención de acelerar el paso, pero ante el inminente atropello no te queda más remedio que echar el cuerpo hacia atrás y dar ridículas zancadas a una velocidad mucho mayor de la mantenida hasta ese momento. Eso era justo  lo que de forma grotesca estaba haciendo mi buen amigo Heracles, de modo que picado por la curiosidad corrí tras él para descubrir  cuál podía ser la causa de su comportamiento. Le alcancé justo cuando acababa de parar un taxi. Tenía ya medio cuerpo dentro.
    -¡Heracles! –resoplé- ¿a dónde vas con tanta prisa?
Heracles se volvió sorprendido.
    -¿Eh?, ¡Ah, hola, qué tal! Perdona pero es que voy  un poco acelerado.
    -No me digas –respondí entusiasmado al ver a mi gran amigo en apuros- ¿te puedo acompañar?
Esta última frase la pronuncié ya dentro del taxi, pues no existe mejor política que la de hechos consumados.
    -Claro, claro, pero siéntate a mi lado, no encima.
    -Tenías que haberte visto cómo cruzabas la calle, parecía que te perseguía un perro.
    -¿Un perro dices?, sí, seguro que también... ¡Coja la Gran Vía, la Gran Vía, por favor! –Heracles estaba fuera de si, gritando al taxista- ¡mejor por la Gran Vía!
    -La Gran Vía estará más atascada...pero cuéntame, viejo amigo, por qué huyes de esta manera... ¿quién te persigue?
Heracles se calmó aparentemente y tras intentar respirar a un ritmo normal me dijo de la forma más natural que pudo:
    -En este momento andan detrás de mí unos cuantos asesinos a sueldo, los peores y más sanguinarios sicópatas y decenas de piratas entre los que incluyo filibusteros, bucaneros y corsarios. Me quieren dar alcance temibles espadachines borrachos y pendencieros, criminales de todo tipo,... también me persiguen guerreros galácticos, pistoleros salvajes, indios apaches,... ah, sí, y los enanos wanda.
    -¿Qué has hecho? –por supuesto, yo no ponía en duda lo que acababa de confesarme Heracles. Él nunca miente.
    -Una catástrofe, un accidente,... un accidente doméstico eso es.
Mi cara tenía la severidad suficiente para que sin decir nada, Heracles siguiera dándome explicaciones.
    -He tenido un escape. ¿Sabes qué ocurre, por ejemplo,  cuando se suelta la manguera del desagüe de tu lavadora?
    -Que se sale toda el agua y pone la cocina perdida. Una vez se me inundó a mí y caló hasta tres pisos por debajo del.... –Heracles me interrumpió. No le interesaba mi anécdota particular, simplemente ver que había entendido lo que era un escape.
    -Exacto. Pues eso me ha pasado a mí, pero en un libro. Por aquí a la izquierda, por favor –Heracles indicó al taxista el camino hacia donde solo él sabía que íbamos- Un libro terrible. Se llama “historias de los peores criminales de la literatura”. Lo estaba leyendo tranquilamente y por una maldita estupidez, se me ocurrió arrancar una hoja que tenía medio suelta. Fue como quitar el tapón de seguridad a una caldera. En seguida empezaron a salir todo tipo de personajes en un torrente imparable. Todo el salón de mi casa anegado de maniacos,... yo no daba abasto a recogerlos y cuantos más echaba al cubo con la fregona, más seguían saliendo,... una auténtica inundación que no podía controlar. Se me ha puesto la casa perdida de asesinos y tunantes,... no te puedes hacer una idea. Luego, empezó a salir otro tipo de inmundicias: verbos defectivos, conjunciones copulativas, oraciones de ablativo absoluto, sintagmas de todo tipo,... un auténtico desastre – Heracles hizo una pausa para respirar-. Bueno, al menos, estos últimos según se derramaban por la habitación se quedaban ahí quietos, acumulándose unos encima de otros, sin hacer nada, pero los personajes son todos muy violentos y en cuanto se dieron cuenta de mi presencia empezaron a perseguirme. Bueno al principio se mataban unos a otros, pero luego la emprendieron conmigo... en fin. ¡Pare, aquí es!
Heracles se bajó del taxi tan apresuradamente como había subido y luego desapareció engullido por un oscuro portal. Yo le indiqué al taxista que volviera al mismo punto donde nos había recogido y según nos alejábamos tuve tiempo de ver una placa en el portal que indicaba que ahí vivía un encuadernador de libros. Grimorios, pensé para mis adentros, y por primera vez me di cuenta de lo extraordinariamente raro que puede resultar Heracles a quién no lo conozca.


* * *







miércoles, 27 de septiembre de 2017

¿Correos? Tururú







La totalidad (o casi la totalidad, no me gusta ser categórico) de los artiblogs que he publicado en La tertulia perezosa, los he escrito con ilusión. También la totalidad (o casi la totalidad, recordemos que no me gusta ser categórico) me ha divertido escribirlos; ya que no obtengo ningún beneficio inmediato que se traduzca en gambas con su publicación, si no me divierte, me abstengo y dejo pasar los días hasta que encuentre algo que me divierta escribir.

Pues bien, en este contexto, el presente artiblog desentona escandalosamente: no me hace ninguna ilusión escribir lo que vais a leer. Mucho menos me divierte.

Se trata de una denuncia, de una mala experiencia que me ha eliminado de participar en un concurso literario, y de un aviso que puede resultar útil para todo el mundo, tanto si van a participar en concursos literarios como si quieren mandar unas morcillas a sus primos que viven en Illinois.

Se trata del lamentable servicio de Correos Express, empresa que utiliza el sistema de correos estatal de España cuando el envío es urgente. Es el sistema que utilicé yo para enviar mi última novela al Concurso Literario Asturias. Correo Express es más caro, porque es mucho más rápido. Es una mierda porque no entregan los paquetes. Ayer recibí el que yo mandé con el sello de DEVOLUCIÓN cruzando el sobre.

Y ahora viene lo bueno. Nada más recibir, perplejo, la devolución, fui a la oficina de Correos donde llevé optimista e ilusionado mi novela, para pedir explicaciones. El funcionario, tras pelear un buen rato con el ordenador, consigue sacar un informe del seguimiento del envío, y en él puedo leer las siguientes mentiras (las tengo impresas):

Viernes 14. 18:00 horas: su envío no se ha entregado por tener la dirección incompleta o incorrecta. Parece que les resulta difícil decidirse por una de las dos opciones, ambas falsas, pues tengo el paquete en mi mano y veo que la dirección es completa y por supuesto compruebo que también es correcta. El funcionario asiente, yo creo que sorprendido por la incompetencia de sus colegas.

Pero sigo leyendo el informe y pone:
Viernes 14. 21:00 horas: su envío no se ha entregado al haber sido rehusado por el destinatario. Te pillé, me dije yo. ¿Cómo es posible que el destinatario se niegue a recogerlo si no lo ha podido recibir ya que la dirección estaba incompleta o era incorrecta tres horas antes?
El funcionario me da la razón, faltaría más, pero no me devuelve el importe del envío. No pretendo que contraten a Miguel Strogoff para llevar la paquetería, pero esta forma de proceder resulta inaceptable.

Ahora, decepcionado y triste, lo único que me queda es avisaros a todos para que jamás utilicéis el servicio de Correos Express. Yo, todavía estoy esperando que al menos me devuelvan los 15 euros que me costó el envío urgente y garantizado. Menuda mierda.










viernes, 15 de septiembre de 2017

Reflexiones sobre el nacionalismo








Yo no soy una persona orgullosa (me parece) pero comprendo que haya personas que lo sean cuando hay un motivo. Estoy orgulloso de mi hijo que ha superado las pruebas para ser astronauta, por ejemplo. Sin embargo me parece una enorme estupidez sentirse orgulloso de una circunstancia. Cada vez que llega la primavera siento un gran orgullo, también como ejemplo. Pues bien, de todas las circunstancias que rodean al ser humano, las más aleatorias son la fecha y el lugar dónde ha nacido, y de la misma forma que nos parecería una gilipollez sentirse orgulloso por haber nacido el dos de enero, debería parecernos sentir orgullo porque su madre lo trajo al mundo en Tordesillas. Otra cosa muy distinta es que su madre sea un gran motivo de orgullo, y que también lo sea su padre y su abuela,... pero ¿el pueblo dónde nació? ¿Por qué? Pues en esto consisten los nacionalismos, en sentirse seres especiales por haber nacido en tal valle en lugar de en tal llanura, que como todo el mundo sabe, son mucho más feos.

No voy a sacar conclusiones sobre el tipo de límites que tiene un cerebro nacionalista, pero invito a que cada cual lo haga.

Los nacionalismos son los causantes de las mortíferas guerras que asolaron Europa el siglo pasado. El romanticismo decimonónico creó el caldo de cultivo, un romanticismo burgués, exagerado con todo lo que oliera a gesta.

Los nacionalismos son incompatibles con el pensamiento de izquierdas, que es internacionalista, salvo en España, que curiosamente son los mayores defensores. Pensemos que precisamente es La Internacional, el concepto de unión de los socialistas, pero aquí, ni caso.

El nacionalismo es la excusa para sentirse superior a los demás, prueba de ello es que crea mitos, héroes y superhéroes para demostrar que han nacido en tierra de titanes. No entiendo que haya personas dispuestas a armar la marimorena a causa de sentirse superior a los demás, y en el fondo me asquean hasta la nausea. Orgullo de pertenecer a una etnia o de hablar una lengua o de tener a Noé entre los antepasados, significa sentirse superior a los que no son de esa etnia ni hablan esa lengua ni cuentan con Noé entre sus ancestros.

Jamás compartiré la emoción ante una bandera y mucho menos prometeré defenderla hasta la muerte. “Patria o muerte”, es para mí, la frase más imbécil de todas las que pueda pronunciar un ser humano.

Últimamente estoy escuchando otras frases que si las destiláramos, al final saldría un asolador “patria o muerte”.

Esto solo son las primeras reflexiones sobre el nacionalismo que me han venido a la cabeza. Ahora, cada cual que amplíe la lista con las que se le ocurran.






viernes, 25 de agosto de 2017

Juicio a dios.








El verano es un buen momento para demostrar lo vagos que podemos llegar a ser. Había empezado hace tiempo un artiblog para hablar de Spinoza, un filósofo holandés, como todo el mundo sabe, cuyos padres nacieron en Espinosa de los Monteros, en la pedregosa soledad de Burgos, pero por culpa de la molicie dejé sin terminar. Como aún seguimos en tiempos de mucho calor y la pereza permanece, voy a redireccionar lo que había empezado en función de los últimos acontecimientos.

Ya hemos visto lo que se hace por defender a dios, y lo que se hace en su nombre. Para empezar, no veo necesidad de salir a la calle en defensa de ningún dios pues por su naturaleza divina le sobran poderes para defenderse él solito. Y hacer cosas en su nombre seguro que es pecado de soberbia, pues no creo que ningún asesino haya recibido el encargo expreso de su dios para tal misión. Entonces llegamos al punto de que los asesinos que matan en nombre o en defensa de su dios, lo hacen a sus espaldas. Con esto no quiero ni muchísimo menos exculpar a las religiones, como si no tuvieran nada que ver en que existan religiosos dispuestos a matar a quienes no las sigan, sino todo lo contrario. Tienen que ver y mucho, vamos a dejarnos de tonterías.

Por supuesto, en estos días hemos visto que el colectivo musulmán condena cualquier acto de terrorismo, y declara que no comparten extremismos ni asesinatos, ni ningún tipo de barbaridad. Estaría bueno.

Vale, admitamos que no todos los musulmanes son terroristas, pero admitamos también que si no hubiera musulmanes, no habría musulmanes terroristas. Con esto solo quiero decir que la religión no es en absoluto inocente cuando se mata en su nombre. ¿Que es obra de un perturbado? sí. ¿Que no todos los que practican esa religión están perturbados? también, pero no ignoremos que es en las mezquitas y en las enseñanzas de sus imanes donde se forjan esos perturbados. En las mezquitas ahora, y en las iglesias hace algunos siglos y en los templos de Isis hace muchos más. Y en las sinagogas, y en los altares a Mitra y a Ormuz y la Gran Serpiente Emplumada y el insaciable Tezcatlipoca, sediento de sacrificios humanos, sin olvidarnos del gran Bachibuzuc.

Sí, es una lata, pero los humanos cada vez que nos inventamos un dios, cosa que sucede cada vez que nos convencemos de que el anterior era pura mitología, lo hacemos intolerante con los demás. Siempre nos sale un dios sanguinario, colérico y con muy mala leche y encima echamos la culpa del mal, a su oponente, el diablo, cuando la verdad es que el pobre nunca ha roto un plato, todo lo más que ha hecho ha sido tentar a gente buena con verdaderas tonterías. No se le atribuye el intento de exterminio con ningún diluvio universal, ni ha enviado plagas a su pueblo favorito, ni ha dejado caer lluvia de fuego sobre nadie, ni cerrado el mar sobre miles de soldados que perecieron ahogados sin remisión... todo lo más a lo que llega el demonio es, eso, a tentar a un santurrón sin ningún éxito. Da hasta pena, pero no es del diablo de quién estamos hablando sino de dios.  El auténtico culpable de que haya idiotas dispuestos a matar en su nombre.

Todo lo demás será muy correcto políticamente pero es equivocarnos.


Nota: queda excluido de este artiblog Buda pues hay que admitir que como dios resulta bastante excepcional.









lunes, 14 de agosto de 2017

Mente demente






El viejo profesor era conocido, entre otras cosas, por ser estricto con los horarios de sus clases, nunca llegaba ni un minuto tarde. Pero este celo en ser puntual solo lo aplicaba con sus alumnos, con el resto del mundo era un auténtico desastre; jamás acudía a una cita a la hora programada. También era conocido por esta falta de puntualidad fuera de las aulas.

Siempre había impartido su magisterio en la facultad de medicina, hasta que lo despidieron. Su especialidad era la neurociencia y supuestamente era el que más sabía sobre el cerebro humano. La mente humana, tal cómo él prefería referirse a este órgano. Cerebro, decía a sus alumnos, suena a masa viscosa y chorreante sin más gracia que un páncreas, mientras que mente, otorga la parte emocional que merece. La mente humana está por encima de un conjunto de células especializadas en transmitir impulsos eléctricos para almacenar, organizar y procesar información. La mente humana trasciende a la materia, está por encima de las ataduras impuestas por la química, la bilogía y la misma medicina. Ni neurotransmisores, ni axones, ni dendritas ni mielinas pueden modificar la grandeza de una mente, que tan solo son su mero soporte molecular. Éstas eran sus opiniones, que naturalmente eran consideradas escasamente científicas por sus colegas, mucho más por sus colegas enemigos, de modo que no resultó complicado destituirle de la cátedra.

Pero el viejo profesor, no solo era viejo, también era profesor, por lo que continuó dando clases. Si no podía formar a futuros médicos lo haría a futuros filósofos y empezó en la cátedra de ética como profesor adjunto, en la facultad de filosofía. Hasta que también lo despidieron.

Los motivos fueron los mismos, pues seguía insistiendo en que la mente humana era donde residía el alma. ¿Qué alma?, le preguntaban los catedráticos de filosofía, ¿acaso tenemos la certeza de su existencia? Más bien, la dualidad mente-cuerpo es algo superado y actualmente todas las líneas de pensamiento siguen en la dirección de que no hay supervivencia de una sobe el otro. Cuando muere el cuerpo, todo muere con él, incluyendo el cerebro. Cerebro no, gritaba el viejo profesor, estamos hablando de mente, y la mente no muere porque la mente es el alma.

Este individuo no ha superado a Aristóteles, decían unos. Desconoce a Spinoza, decían otros. ¿Cómo un profesor de esta facultad puede ignorar a Bertrand Russel? Tanta rigidez en sus planteamientos va en contra de nuestros principios. Encima llega tarde a todos los sitios. Sí, es un auténtico desastre, jamás ha venido a una reunión del claustro a su hora. Lo de menos son las tonterías que dice sobre la separación de la mente y el cuerpo, lo que resulta imperdonable es su impuntualidad. Estamos de acuerdo, siempre llega tarde a todos los lados, no se puede contar con él. Llegaría tarde a su propio funeral, sentenció el decano de la facultad antes de firmar el acta de su destitución.

Ya sabemos que la filosofía trata de encontrar la verdad, y el decano, sin saberlo, cuando lo despidió dijo la mayor verdad de todas. El viejo profesor, llegó tarde a su funeral.

Cuando lo despidieron, no pudo soportar la noticia con la suficiente entereza y se emborrachó en el bar de la facultad hasta el punto de no distinguir los colores de un semáforo, incluso, el mismo semáforo de una farola. Al salir, un conductor neoplatónico lo arrolló con su coche y el viejo profesor murió en el acto mientras evaluaba las conclusiones de la crítica de la razón pura. Según caía al suelo y se fracturaba el cráneo contra el asfalto, su mente se desprendió de forma repentina y ni siquiera el hilo de plata que la había mantenido unida al cuerpo durante toda la vida, la pudo sujetar. Salio despedida a demasiada velocidad, fue su conclusión mientras veía alejarse la imagen de su cuerpo yaciente sobre la calzada. En vano trató de volver, una fuerza desconocida lo mantenía a flote y otra, que además de desconocida era partidaria de los viajes, se lo llevaba cada vez más lejos. No podía hacer nada, solo estaba. No sentía dolor, no sentía el aire que lo rodeaba, no escuchaba ningún ruido ni podía oler ningún aroma, en realidad no podía hacer nada salvo estar. Estaba allí, suspendido, solo su mente.

Joder, si es que yo tenía razón, pensó. Luego se convirtió en fantasma.








lunes, 31 de julio de 2017

Verano en fiestas









Estamos en una época del año en que huele a pólvora, churros, algodón de azúcar y romería. En verano, todos los pueblos de España celebran sus fiestas patronales, y en todos se organizan ferias, romerías y procesiones con el santo patrón a la cabeza. Hay que agradecer la buena cosecha, o pedir que la del próximo año sea mejor; descansar de la labor del campo, aunque poco descanso hay, y disfrutar de los frutos de tanto esfuerzo. Las noches piden bailes en la plaza y la temperatura permite prolongarlos fuera de ella. Éstas son las grandes razones para celebrar las fiestas, y en casi todos los pueblos se acaban haciendo las mismas cosas.

Sin embargo, la religión da muchas más oportunidades para ser diferentes. Por ejemplo, para conmemorar la Semana Santa, los tambores de Calanda nada tienen que ver con las flagelaciones voluntarias de “los picaos” en San Vicente de la Sonsierra, salvo que los fieles acaban necesitando atención médica (en Calanda, los auténticos se desollan los nudillos). Son ritos penitenciales que se mantienen algunos desde el siglo XV sin que nadie se explique exactamente por qué, y cada pueblo elige su particular forma de expiar sus pecados.

Y como en todo, también en la forma de llamar la atención de Dios tiene que haber un ganador. De cuantas fiestas de contenido religioso que yo tengo noticias, vence por auténtica goleada la romería de Santa Marta de Ribarteme, que se celebra cada año en As Neves, un pequeño pueblecito de Pontevedra. La fiesta es para rendir culto a Santa Marta por interceder para curar enfermedades graves, y de las muchas formas que existen para mostrar agradecimiento por la intercesión, en As Neves han elegido la más llamativa sin ninguna duda. Consiste en que los paisanos que han conseguido, gracias al milagro de la santa, burlar a la muerte, se introducen en ataúdes que son llevados por sus seres queridos a hombros, hasta la ermita de la santa. Los féretros van abiertos, que todo tiene un límite, y para evitar el sofoco, los muertos de mentirijillas se van abanicando tan ricamente. Un golpe de calor repentino podría hacer que los funerales  pasaran a ser de veras  y el poder milagroso de la santa quedara en entredicho.



Santa Marta, la santa que consigue arrebatar del filo de la guadaña a sus fieles, es la Marta de Betania, hermana de Lázaro, el que resucitó por los poderes nigrománticos de Jesucristo. Vaya familia más rarita, diría yo.





Por supuesto, National Geogrphic ya está preparando un programa sobre esta fiesta, cuyo rodaje terminará en el mes de octubre.
Como dato adicional, está considerada como la segunda fiesta más rara del mundo. Por los ingleses, claro; me gustaría saber que necesitan para que sea la primera.



Para los que sientan curiosidad por los récords en asuntos religiosos, he encontrado la organización religiosa o cofradía,  con la denominación, que yo supongo, más larga de todas. Se llama: La Ilustre, Humilde y Fervorosa Hermandad y Cofradía de Nazarenos de la Flagelación de Nuestro Padre Jesús de la Bondad y María Santísima del Consuelo.
Está en Ciudad Real e ignoro cómo se refieren a ella sus cofrades, pero me imagino que tendrán algún término que lo resuma todo.















lunes, 17 de julio de 2017

Pues esto es lo que hay






Yo no sé qué me pasa, pero cada vez llevo peor escuchar de forma repetida y machacona frases que de repente se ponen de moda. Ahora no hay comentarista deportivo (o político) que no emplee varias veces el uso de  “hay que remar” para indicar lo necesario de esforzarse para conseguir algo. “Estar muy sólido” ha dejado de referirse a un estado de la materia para expresar constancia y seguridad. Si lo que se quiere es resaltar la velocidad de lo que se mueve, se dice “ir enchufado”, y “en clave de”, se utiliza prácticamente para cualquier cosa. El otro día escuché en la radio que la última versión de Madame Butterfly, “en clave de ópera” era genial. Los “a nivel de” se encuentran en claro declive, mientras que “sumar esfuerzos” sigue escalando posiciones y “poner en valor” se mantiene sin variaciones significativas. Lo mismo que “el relato de” y “como no podía ser de otra manera”. “En modo de” también está subiendo en popularidad, mientras que “este es el tema” está prácticamente olvidado.

Pero lo curioso es que el uso abusivo de estas expresiones, que pudieron estar bien empleadas las primeras trescientas veces, solo me afecta cuando las dicen los periodistas, políticos y locutores de radio y televisión. Creo que los profesionales de comunicar lo que sea, deberían ser más cuidadosos con su forma de hacerlo, y lo digo también por su propia imagen: en general, el uso de expresiones prefabricadas es habitual en personas de léxico limitado, lo que evidencia su falta de costumbre de leer antes de dormirse.

Pero tampoco quiero parecer implacable y me veo en la obligación de mostrar cierto grado de indulgencia. A veces estas frases se utilizan de forma automática, precisamente por haberlas escuchado cientos de veces, y salen descontroladamente. Qué le vamos a hacer, quién esté libre de pecado que tire la primera piedra,

Por otro lado, además de las expresiones que se ponen de moda y que son condenables, existen otras repeticiones cuyo uso forma parte de nuestra forma habitual de hablar, por lo que tampoco debemos ponernos exquisitos. Por ejemplo, repetir cuando se esta hablando como inicio de frase “..,esto” , o como final “¿vale?”, o “¿verdad?”, o decir, “o sea”, siempre que no se abuse, es algo con lo que se puede vivir. Estas expresiones tienen una finalidad diferente y son muy útiles, nos sirven para ocupar un vacío en la conversación mientras nuestro cerebro busca la palabra adecuada. Son las llamadas muletillas, también conocidas como bordones, estribillos, o coletillas, que existen en todos los idiomas del mundo y son empleadas tanto por gente de parla fluida como por otros de pobreza lingüística manifiesta.

Hay diferentes tipos de muletillas, a saber: empuñaduras, timos y latiguillos.
La empuñadura, a mi modo de ver, es irreemplazable. Es la fórmula  necesaria en determinados formatos. A este grupo pertenecen  el “se hace saber” de los antiguos pregoneros, o el fantástico “érase una vez” que nos preparaba para disfrutar de lo lindo con lo que venía a continuación cuando éramos pequeños.

Los timos son un tipo de muletillas chuscas y recogidas de la calle que también tienen su utilidad. Por ejemplo “tela marinera” o “vaya tela”. Los hay muy expresivos y otros muy expresivos  al tiempo que poco elegantes, como el “te cagas”, imprescindible cuando existe cierto nivel de confianza.

Por último están los latiguillos que son el tipo de muletillas que no aportan nada ni sirven para nada salvo para dejar ver cierta flojera en la forma de expresarse. Son las frases que se repiten por moda, de cuya variedad de ejemplos ya he dado cuenta al inicio del presente artiblog, y por si no ha quedado claro, me parecen detestables.

Para terminar diré que es mucho peor, si las leemos que si las escuchamos, porque quien escribe tiene la obligación, o al menos la oportunidad, de darse  cuenta de que está usando un latiguillo y aún puede evitarlo, mientras que hablando, nadie está exento de que involuntariamente se le escape alguno, como una ventosidad lingüística.

O sea, lo que quiero decir es que no es lo mismo hablar que escribir, ¿no? Esto, pues eso.


















jueves, 6 de julio de 2017

El día de




                                                                   DÍA INTERNACIONAL DE LAS PELEAS CON ALMOHADAS






Las ganas de fiesta que tenemos los seres humanos es algo que nos convierte en un tipo de animales que yo clasifico de simpáticos. Nos gusta inventar pretextos para organizar una fiesta y eso es algo que nos honra muchísimo pues significa que somos divertidos. Yo creo que es algo que tiene que ver con una de nuestras cualidades que yo más aprecio: el sentido del humor. A veces nos sale sin proponérnoslo, de la misma forma que el caballo pura sangre en cuanto se descuida se pone al galope tendido, sin siquiera darse cuenta.

Hace tiempo fui al Registro de la Propiedad Intelectual, y en los escasos tres segundos que estuve esperando mi turno, me fijé que en una de las paredes había un cartel que anunciaba con orgullo Día Mundial del Registro de la Propiedad Intelectual. Por cierto, si alguien tiene que felicitar en tal fecha a algún conocido, quizá porque ha rellenado con éxito el formulario para registrar una obra, se trata del 26 de abril. El caso es que debió de parecerme divertido y lo anoté en mi libreta, y hoy, buscando otra anotación que por supuesto no ha aparecido ni aparecerá jamás, la he encontrado. Entonces me he preguntado, ¿existirá también El Día del Inodoro? por decir algo extravagante, y resulta que sí, ese día existe y se celebra cada 19 de diciembre en China. Solo en China, así que de momento no podemos hablar de una celebración mundial, pero todo se andará.

Este descubrimiento me ha animado y he seguido buscando “días de” con algo de gracia y voy a señalar los más merecedores de celebración:

Existe El Día Internacional de la Hamaca, que se celebra el 22 de julio. En algunos países se lo toman tan en serio que está absolutamente prohibido levantarse de la hamaca ni para comer. De la bebida no dice nada, supongo que estará permitido, al menos la cerveza. El problema es que si todo el mundo  celebra el día, a ver quién las lleva de la nevera a la hamaca.

El 3 de abril es El Día Internacional del Número Pi. A mi modo de ver, está bien que sea  el 3, pero debería rotar y el siguiente año caer en 14 y al siguiente en  16. La primera fiesta pi se celebró en San Francisco en 1988. Como dato curioso, algunos seguidores de esta fiesta la celebran el 14 de marzo que es la fecha en que nació Einstein, aunque no creo que usara mucho el número pi, la verdad.

Para aquellos a quienes les guste levantar a su esposa por los aires, que sepan que el 4 de julio se celebra El Día del Levantamiento y Carga de la Esposa. Lo celebran en Finlandia y rememora una antigua tradición que consistía en llevarse a la esposa del prójimo en volandas, y supongo que muy deprisa para que no le cogieran. Una vieja tradición vikinga, por lo visto.

También está muy bien El Día Internacional de Peleas de Almohadas, que como es fácil de suponer se conmemora a base de darse almohadazos entre todos los celebrantes. La fecha de tan señalado día es 6 de abril y congrega a multitud de divertidos paisanos que con almohada en ristre ocupan las plazas de Nueva York, Londres, París, Berlín o Shangai, dispuestos a demostrar lo que vale una almohada.

Yo de momento he apuntado en mi agenda el 21 de diciembre, que es el Día del Orgasmo Femenino, y se celebra, claro, teniendo cada mujer un orgasmo, como mínimo. El objetivo de este día internacional va mucho más allá del puro placer, por lo que deberíamos sumarnos todos con generosidad sin esperar nada a cambio. Se trata de crear, según su fundador el concejal brasileño José Arimateio Dantas Lacerda, un cambio en el campo energético de la Tierra con la mayor oleada de energía humana posible a favor de la paz. Hombre, aunque solo sea por eso…

He dejado para el final, el Amtrak Mooning, porque es el más extraño de todos. Se trata de una tradición que mantienen en  Laguna Niguel, una población de Estados Unidos, que les lleva a enseñar el culo, cada segundo sábado de julio, a todos los trenes que pasen por la estación. La fiesta congrega a cientos de participantes frente a las vías con sus pantalones bajados y una juerga encima que ha obligado a las autoridades a prohibir el consumo de alcohol durante la celebración en vista de los desmanes que se produjeron en la última edición. No quiero imaginar cómo acabó para llegar a ese punto.



Creo que cuando publiqué La importancia de lo inútil, me quedé corto. Afortunadamente, hoy he dado la dimensión que merece tan importante asunto.